Hemorragias externas

HEMORRAGIAS EXTERNAS

Presión directa e indirecta

En el anterior articulo “evaluación de las hemorragias” vimos como identificar y valorar los diferentes tipos de hemorragias. Es esencial controlar el sangrado lo más rápido posible, en ocasiones el herido puede morir en cuestión de segundos. En esta ocasión aprenderemos a realizar un adecuado control de hemorragias externas.

Hay varios métodos para controlar un sangrado, todos ellos tienen en común el comprimir un vaso sanguíneo que está sangrando para detener la hemorragia.

Hemorragias externas. Presión directa sobre la herida

Ante una hemorragia externa usted debe realizar una compresión directa aplicando una fuerte presión sobre la herida. Para ello lo ideal es utilizar un apósito de gasas, o en su defecto cualquier tejido limpio que encuentre.

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Si la herida es lo suficientemente profunda y extensa, se introducirá la gasa o el tejido de tal manera que toda la herida quede rellena. En el caso de no disponer de ropa o cualquier otro tejido, se realizará presión directa con las dos manos en el punto de sangrado. La presión directa se puede sustituir por un vendaje cuando la herida pare de sangrar.

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Hemorragias externas. Presión indirecta sobre la arteria

Cuando el sangrado es abundante y a pulsos, con un color vivo de la sangre, sabemos que esta proviene directamente de una arteria. Se trata de una hemorragia arterial.
En este caso se pude reducir la hemorragia haciendo presión sobre el vaso dañado y no sobre la herida, es lo que llamamos presión indirecta. La idea es presionar la arteria contra el hueso de la extremidad para reducir la pérdida de sangre normalmente por el interior de la articulación inmediatamente superior. Es decir, la más próxima a la herida entre esta y el corazón.

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Hemorragias externas. Extremidades superiores

Si la hemorragia se produce en las extremidades, debe elevar la parte lesionada por encima del corazón. De esta forma disminuye la presión de la sangre en el lugar de la herida. En el caso de las hemorragias venosas o capilares, la presión la haremos directamente sobre la herida como vimos anteriormente.

Cuando el sangrado proviene de una hemorragia arterial de los miembros superiores, mano o antebrazo, aplicaremos presión indirecta con la palma de la mano sobre la arteria braquial o humeral. Hay que presionar a la altura de la fléxura o parte delantera del codo.
Si el sangrado se produce en el brazo, la presión se ejercerá presionando la axila o la cara interior del mismo entre el bíceps y el tríceps, haciendo presión contra el húmero.

Hemorragias externas. Extremidades inferiores

Si el sangrado se produce en los miembros inferiores, el proceso es el mismo. Tumbe a la víctima e intente elevar el miembro afectado por encima del corazón. Acto seguido ejerza una fuerte presión sobre la herida en el caso de hemorragias venosas o capilares.
Si el sangrado indica que se trata de una hemorragia arterial en el muslo, en este caso debe presionar con el talón de la mano en la ingle, sobre la arteria femoral que recorre la pierna desde el muslo hasta la parte posterior de la rodilla.

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Para hemorragias arteriales mas distales, por debajo de la rodilla, ejerza la presión sobre la arteria poplitea por la parte interior de la articulación.

Siempre que sea posible se recomienda la protección con guantes o al menos utilizar un material de barrera para el aislamiento de sustancias corporales.

Gasas, apósitos o vendajes de circunstancias

Cabe la posibilidad que en el lugar del accidente no se disponga de un botiquín adecuado. Esto supone que no hay gasas esterilizadas a mano.

Una hemorragia externa implica que hay una herida abierta. Por tanto, existe un fácil camino de entrada al organismo de la victima para todo tipo de bacterias; lo que supone un alto riesgo de infección.

Cuando el sangrado es abundante, la prioridad es reducir al máximo el sangrado. Use el tejido más limpio de que disponga en el momento como por ejemplo capas interiores de la ropa de la propia victima.

Cuando se usan tejidos para cortar la hemorragia, o incluso tratándose de gasas, en ocasiones es recomendable sustituir los tejidos utilizados a modo de apósito por otros secos. En este caso, no retire la capa de tejido que está en contacto con la herida; ya que retiraría con ella los posibles coágulos que de forma natural están reparando el tejido dañado.