fases del enfrentamiento armado

FASES DEL ENFRENTAMIENTO ARMADO

Amat Victoria Curam

Generalmente, cuando hablamos de un combate armado, pensamos en el hecho y la acción de luchar, en la pelea. No solemos caer en la cuenta de que esa lucha no comienza el día en que alguien nos agrede. Da comienzo mucho antes. Tampoco termina en el momento en que se definen los vencedores y vencidos. Sino tiempo después. Veamos someramente las fases del enfrentamiento armado y su importancia individualmente.

Fases del enfrentamiento armado

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Primera fase: la preparación

Mucho antes de atacar o defendernos, comienza la fase más importante del enfrentamiento armado: la preparación. Es tan importante que de ella depende incluso que pueda vencer sin llegar a luchar. Cualquier miembro de una Unidad Táctica le dirá que una Operación exitosa es aquella que termina sin un solo disparo.

Se necesitan tres cosas para sobrevivir a un enfrentamiento armado: un arma, la habilidad para manejarla y la férrea voluntad de vencer.

Es necesaria una preparación mental. La que hace mantener la alerta. La que hace querer mejorar las habilidades en el manejo del arma. La que nos enseña que la mayoría de los casos es el malo quien elige el momento y el lugar de la agresión. Y la que hará crear la voluntad de sobrevivir aun estando en desventaja.

No deje que la rutina y la comodidad le hagan perder la pelea antes de que se produzca.

La preparación mental es la parte más importante del combate.

Una adecuada preparación física ayuda no solo a sobreponerse al ambiente hostil y al desgaste de la lucha, sino también a las heridas. Ayuda a mantener la atención. Pero también contribuye a mantener un nivel de alerta. Este nivel de alerta permitirá unos tiempos de reacción óptimos para el desarrollo de las habilidades adquiridas en el entrenamiento.

Además de ello, entendemos como parte de la preparación física el entrenamiento para el cultivo de habilidades. También el adecuado mantenimiento del armamento y equipo, así como el conocimiento que se tenga de él para aprovechar su más óptimo rendimiento. Si nos paramos a pensar un momento, esta preparación física es una consecuencia de la preparación mental.

Pero es la preparación moral, demasiadas veces olvidada, la que no nos dejará caer en el pozo sombrío de la duda. Quienes habéis visto junto a vosotros “la guadaña” de la muerte sabéis bien a lo que me refiero.

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Segunda fase: la pelea

Es en esta fase, en la acción, en la que pensamos irremediablemente cuando hablamos de ello. Es natural, el error es pensar que es la única de las fases del enfrentamiento armado.

Tanto si el enfrentamiento lo hemos iniciado nosotros o, por el contrario, es una acción defensiva, en esta segunda fase aflorará todo lo que hayamos guardado en la primera. Su resultado depende en gran medida de la preparación mental y física.

Que la balanza del combate caiga del lado de los buenos o de los malos no es solo consecuencia de las habilidades adquiridas en los entrenamientos, en el empleo eficaz de las armas o de la calidad del equipo empleado. También lo es de la claridad de la misión que nos ha llevado a entablar combate y que definirá la contundencia y el empleo de la fuerza letal durante el enfrentamiento armado. También la legitimidad de los actos que se pudieran producir es clave para que la balanza caiga del lado de los buenos.

Sentirse legitimado para el empleo de la fuerza letal es una pieza importante de este puzle. La duda no puede llegar en el momento de la acción.

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Tercera fase: cuando acaba la acción

Días, semanas o incluso años después de la acción, esta tercera fase pudiera no darse por zanjada. La actuación en el enfrentamiento se repite una y otra vez por diferentes motivos: redacción de informes, declaraciones judiciales, etc.

“¿Actué correctamente? ¿Podría haber acabado de otra forma? Me alegré tanto de sobrevivir que incluso me avergüenzo”. El Trastorno por Estrés Post-traumático (TEPT) hace revivir esos angustiosos momentos. En ellos se lucha por la vida, provocando heridas más profundas y duraderas que las de la pelea.

Es en esta fase donde la preparación moral aflora, la que hace continuar al bueno o, por el contrario, lo hunde en el pozo oscuro de la duda y de la culpa.

Hablar y compartir la experiencia, con profesionales o no, con compañeros o familia es, sin lugar a dudas, el remedio más eficaz a los fallos a una preparación deficiente.

Tanto si este texto le ha sorprendido como si no, y aunque esperemos que nunca se produzca, recuerde que hoy mismo es el primer día de ese enfrentamiento armado. Si desea sobrevivir a él, prepárese mental, física y espiritualmente.